El fotógrafo navarro Miguel Bergasa ha fallecido a los 75 años en Pamplona, dejando tras de sí una extensa trayectoria dedicada a documentar la vida cotidiana, las tradiciones y las culturas de España y Latinoamérica. Nacido en la capital navarra en 1951, desarrolló durante más de cinco décadas una obra fotográfica caracterizada por su mirada humana, el uso del blanco y negro y su interés por preservar formas de vida que han ido cambiando con el paso del tiempo.
Bergasa se convirtió en una figura reconocida de la fotografía documental gracias a sus reportajes sobre comunidades, celebraciones populares, personajes y costumbres de distintos lugares del mundo. Entre sus trabajos más destacados figura el proyecto dedicado a los menonitas de Paraguay, una comunidad cuya vida cotidiana documentó durante décadas y que constituye uno de los testimonios visuales más relevantes de su carrera.
Su fallecimiento supone la pérdida de un fotógrafo que hizo de la observación, la paciencia y el respeto por las personas retratadas los pilares de su trabajo. Sus imágenes permiten acercarse a realidades culturales diversas y conservar la memoria de escenarios, oficios y tradiciones que forman parte de la historia reciente.
Miguel Bergasa, una vida dedicada a la fotografía documental
Miguel Bergasa nació en Pamplona en 1951 y comenzó a interesarse por la fotografía a principios de la década de 1970. Sus primeros pasos estuvieron vinculados a la Agrupación Fotográfica de Navarra, donde profundizó en los conocimientos técnicos relacionados con la toma de imágenes, el revelado y la impresión fotográfica.
Aquellos primeros años fueron importantes para desarrollar una forma de trabajar basada en el cuidado de la imagen y en la búsqueda de una mirada propia. La fotografía fue adquiriendo un papel fundamental en su vida y terminó convirtiéndose en el medio con el que exploraría diferentes territorios y documentaría numerosas realidades sociales.
Posteriormente, Bergasa residió durante varios años en Madrid, donde entró en contacto con distintos círculos fotográficos. En esa etapa conoció espacios vinculados a la actividad artística y a la difusión de la fotografía, entre ellos la Real Sociedad Fotográfica y diferentes galerías de la capital.
Su trayectoria fue creciendo al mismo tiempo que consolidaba sus intereses. Por un lado, sentía la necesidad de registrar escenas de la vida cotidiana española que estaban desapareciendo. Por otro, encontraba en Latinoamérica un territorio lleno de historias, culturas y formas de vida que merecían ser observadas y documentadas.
Estas dos líneas terminaron definiendo buena parte de su obra. Bergasa no buscaba únicamente fotografías de impacto visual, sino imágenes capaces de contar algo sobre las personas, sus costumbres y el entorno en el que vivían.
El fotógrafo navarro que documentó la España que desaparece
Una de las grandes aportaciones de Miguel Bergasa fue su trabajo sobre la España cotidiana. A través de sus fotografías, el autor registró personajes, actividades tradicionales, celebraciones y escenarios que han experimentado profundas transformaciones con el paso de las décadas.
La desaparición de determinados oficios, los cambios en las relaciones sociales y la evolución de las costumbres forman parte de la memoria colectiva de cualquier sociedad. La fotografía documental permite conservar testimonios de esos cambios y ofrece a las generaciones futuras la posibilidad de observar cómo era la vida en otros momentos.
Bergasa mostró un interés especial por esos detalles que, en ocasiones, pasan inadvertidos. Sus imágenes prestaban atención tanto a los rostros como a los espacios, los gestos y las situaciones que conformaban la vida diaria.
Esta forma de entender la fotografía requiere tiempo y capacidad de observación. Frente a la imagen rápida, el reportaje documental busca comprender el contexto y construir un relato visual que tenga sentido más allá del instante concreto en el que se tomó la fotografía.
En su trabajo, el factor humano ocupó un lugar central. Las personas retratadas no eran simples elementos de una composición, sino protagonistas de historias vinculadas a su entorno y a su propia experiencia vital.
Ese interés por las personas acompañó también sus viajes por América Latina, donde encontró comunidades y tradiciones que le permitieron ampliar su mirada sobre la diversidad cultural.
Miguel Bergasa y su relación con Latinoamérica
En 1983, Miguel Bergasa inició una etapa de viajes fotográficos por Latinoamérica que marcaría profundamente su carrera. A lo largo de los años recorrió países como Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Cuba, Chile, Uruguay, Panamá y México.
Sus desplazamientos no se limitaron a captar paisajes o realizar fotografías de viaje. El objetivo era conocer las realidades que encontraba, observar las costumbres locales y profundizar en temas concretos mediante reportajes que exigían investigación y continuidad.
En cada destino buscó historias que permitieran comprender mejor a las personas y a las comunidades. Sus fotografías recogieron escenas de la vida cotidiana, celebraciones, rituales y formas de organización social, prestando especial atención a los elementos humanos que daban sentido a cada imagen.
El trabajo en Latinoamérica también le permitió establecer conexiones visuales entre culturas distintas. Algunas tradiciones, celebraciones y prácticas sociales presentan semejanzas pese a desarrollarse en lugares geográficamente alejados. La fotografía ofrece una herramienta para explorar esas relaciones sin perder de vista las particularidades de cada comunidad.
Bergasa mantuvo durante años ese interés por viajar y regresar a determinados lugares. La continuidad resultaba esencial para observar los cambios que se producían con el tiempo y construir proyectos fotográficos más completos.
Su obra latinoamericana terminó ocupando un lugar destacado en su producción y contribuyó a consolidar su reconocimiento como fotógrafo documental.
Los menonitas de Paraguay, uno de los grandes proyectos de su carrera
Si existe un trabajo especialmente asociado al nombre de Miguel Bergasa, es su proyecto fotográfico sobre los menonitas de Paraguay. Esta comunidad cristiana, con una larga historia y tradiciones propias, despertó el interés del fotógrafo por su forma de vida y por la relación que mantenía con la modernidad.
Bergasa descubrió esta realidad durante sus viajes por Latinoamérica y comenzó a desarrollar un trabajo que se prolongaría durante más de tres décadas. Su aproximación a la comunidad de Nueva Durango, en Paraguay, se convirtió en un proyecto de largo recorrido que le permitió registrar diferentes momentos de su vida cotidiana.
El fotógrafo regresó a la colonia en varias ocasiones, entre ellas en 2003, 2011, 2017 y 2019, para observar cómo evolucionaban las costumbres y las relaciones entre tradición y cambio social.
Las fotografías muestran distintos aspectos de la vida de esta comunidad: las familias, el trabajo, la escuela, las celebraciones y las actividades cotidianas. A través de estas escenas, el proyecto construye un relato visual sobre una sociedad con normas, valores y tradiciones particulares.
La importancia del trabajo reside también en su continuidad. Volver a fotografiar un mismo lugar después de varios años permite identificar transformaciones que difícilmente se perciben en una visita aislada. Los cambios en las costumbres, las diferencias entre generaciones y la relación con el entorno aparecen así como parte de una historia que evoluciona.
Bergasa no se limitó a realizar una colección de imágenes exóticas o alejadas de la experiencia cotidiana del público. Su objetivo fue documentar a las personas desde una perspectiva cercana, mostrando escenas que ayudan a comprender cómo se organiza una comunidad y cómo afronta el paso del tiempo.
El proyecto dio lugar a exposiciones y publicaciones, además de trabajos audiovisuales relacionados con la vida menonita. En 2025, una exposición dedicada a esta serie pudo verse en el Centro de Arte Alcobendas. En 2026, su trabajo volvió a acercarse al público con una muestra incluida en FotoFest Cartagena.
La serie constituye hoy uno de los principales legados de Miguel Bergasa y un ejemplo de cómo la fotografía puede convertirse en una herramienta para conservar la memoria de una comunidad.
Bolivia, México y otras historias captadas por su cámara
Aunque su trabajo sobre los menonitas de Paraguay alcanzó una especial notoriedad, la trayectoria de Miguel Bergasa fue mucho más amplia. Sus viajes le llevaron a documentar distintas realidades de América Latina, con proyectos centrados en costumbres, rituales, celebraciones y formas de vida.
En Bolivia, por ejemplo, desarrolló reportajes relacionados con los llamados aviones carniceros, un tema que también abordó en el ámbito audiovisual. En México, se interesó por las celebraciones y las tradiciones vinculadas a las noches de difuntos.
Estos trabajos muestran la diversidad de sus intereses y su voluntad de acercarse a cuestiones concretas con profundidad. En lugar de limitarse a reunir imágenes de diferentes destinos, Bergasa construía proyectos alrededor de temas que le permitían conocer mejor las realidades que tenía delante.
Su cámara también se detuvo en los rostros, los gestos y las situaciones que revelan la relación de las personas con sus tradiciones. La fotografía documental encuentra buena parte de su fuerza en esa capacidad para mostrar aspectos de la experiencia humana que resultan reconocibles incluso cuando pertenecen a culturas diferentes.
A lo largo de su carrera colaboró con revistas y participó en la coordinación de documentales para televisión. Esta actividad complementó su trabajo fotográfico y permitió que algunas de sus investigaciones llegaran a públicos más amplios.
La combinación de fotografía, publicaciones y audiovisuales contribuyó a ampliar el alcance de sus proyectos y a reforzar el valor documental de su archivo.
El blanco y negro como seña de identidad
El blanco y negro ocupa un lugar destacado en la obra de Miguel Bergasa. Esta elección estética acompaña una forma de entender la fotografía en la que la composición, la luz, los contrastes y las expresiones de los protagonistas adquieren una especial importancia.
La ausencia de color puede dirigir la atención hacia los elementos esenciales de una escena. En un retrato, por ejemplo, permite concentrarse en la mirada, los rasgos del rostro y los pequeños gestos. En una imagen de la vida cotidiana, ayuda a destacar las relaciones entre las personas y el espacio que ocupan.
En el caso de Bergasa, el blanco y negro también contribuyó a dar continuidad visual a proyectos realizados durante periodos prolongados y en lugares muy diferentes.
Su trabajo demuestra que una fotografía documental no necesita recurrir a situaciones extraordinarias para transmitir una historia. Una escena familiar, una jornada de trabajo o un momento de una celebración pueden ofrecer información valiosa sobre una cultura cuando se observan con atención y se sitúan en su contexto.
La técnica, sin embargo, era solo una parte de su propuesta. La paciencia, la constancia y la relación con las personas retratadas resultaban igualmente importantes para desarrollar sus reportajes.
Exposiciones, libros y una trayectoria de más de cinco décadas
Durante su carrera, Miguel Bergasa realizó numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto en España como en otros países. Su obra también encontró espacio en libros y publicaciones que reunían proyectos desarrollados a lo largo de sus viajes.
Entre sus publicaciones figuran títulos como Menonitas (2015), Miradas en Latinoamérica (2015), Perú: Viaje de ida y vuelta (2016), Rostros & Retratos (2019), Ritos y otras tradiciones (2019), Después del tiempo (2020), Soledades (2021), En el País de los Guaraníes (2022) y Bolivia (2023).
Estos libros permiten aproximarse a distintas facetas de su producción y comprender la amplitud de sus intereses. Cada proyecto reúne imágenes vinculadas a un tema, un territorio o una experiencia concreta, y ofrece una manera de recorrer su trayectoria más allá de las exposiciones.
La publicación de fotografías tiene además un valor especial para la conservación de la memoria visual. Los libros permiten que las imágenes permanezcan accesibles y puedan ser consultadas con el paso de los años, incluso cuando las circunstancias que documentan han cambiado.
La actividad expositiva también desempeñó un papel importante en la difusión de su trabajo. Las muestras dedicadas a los menonitas y a otros proyectos acercaron sus imágenes a públicos diversos y contribuyeron a situar su obra en el contexto de la fotografía documental contemporánea.
Su trayectoria demuestra que el trabajo fotográfico puede desarrollarse a través de diferentes formatos sin perder su esencia: la observación de las personas, el registro de la realidad y la voluntad de construir un testimonio visual duradero.
El legado de Miguel Bergasa para la fotografía española
La muerte de Miguel Bergasa deja un importante archivo de imágenes que permite recorrer más de cinco décadas de trabajo. Su producción constituye un testimonio de la evolución de distintas comunidades y de la transformación de costumbres y formas de vida en España y Latinoamérica.
Su legado no se limita a las fotografías más conocidas. También comprende los proyectos desarrollados a lo largo de sus viajes, los libros que publicó y las exposiciones que permitieron compartir sus investigaciones con el público.
En un contexto en el que las imágenes se producen y consumen de manera inmediata, su trayectoria recuerda el valor de la fotografía que necesita tiempo. Observar, regresar a un lugar, conocer a sus habitantes y documentar los cambios son tareas que requieren continuidad y compromiso.
El trabajo de Bergasa permite entender la fotografía como una forma de preservar historias que podrían perderse si nadie las registra. Sus imágenes conservan gestos, espacios y situaciones que ayudan a reconstruir la memoria de una época y a comprender la diversidad de las experiencias humanas.
Para Navarra, su tierra natal, su fallecimiento supone la pérdida de un fotógrafo vinculado a la escena cultural y fotográfica de la comunidad. Para el ámbito documental, su obra deja una aportación marcada por la atención al factor humano y por la amplitud geográfica de sus proyectos.
Miguel Bergasa dedicó buena parte de su vida a mirar de cerca realidades diferentes y a convertir esa experiencia en imágenes. Su cámara registró tradiciones, rostros y comunidades sin limitarse a capturar un instante: buscó construir relatos visuales capaces de permanecer en el tiempo.
Su legado continuará presente en las fotografías, los libros y las exposiciones que permiten acercarse a su obra. A través de ellos, su mirada seguirá ofreciendo una forma de descubrir culturas, recordar el pasado y comprender cómo cambian las sociedades.